El peeling químico es una de las herramientas más antiguas y más precisas de la medicina estética. Bien indicado, hace lo que ningún otro tratamiento hace mejor: reordenar la piel desde la superficie hasta la profundidad justa.
Un peeling químico es la aplicación controlada de un ácido —glicólico, mandélico, salicílico, láctico, tricloroacético (TCA), Jessner— para provocar una descamación regulada de la piel. Al descamar, la piel se reordena: los queratinocitos nuevos son más ordenados, la melanina se redistribuye, el colágeno se estimula.
Tiene sentido en manchas (melasma, léntigos solares, hiperpigmentación postinflamatoria), acné activo y sus secuelas, textura irregular, poros dilatados, arrugas superficiales y como preparación para otros tratamientos. La clave no es "el peeling" en abstracto, sino cuál, a qué concentración, en cuántas sesiones y con qué protocolo pre y post.
Trabajo con peelings médicos: concentraciones y protocolos que solo pueden usarse en un entorno clínico y bajo supervisión médica. El peeling se elige por indicación: mandélico para pieles sensibles y con tendencia al melasma; glicólico para textura y luminosidad; salicílico para acné activo y piel grasa; TCA para lesiones más profundas; Jessner para efecto medio con menor irritación.
El protocolo importa tanto como el ácido: pretratamiento con despigmentantes o retinoide 2–4 semanas antes cuando hay riesgo de rebote pigmentario, y fotoprotección estricta obligatoria en el post.
En consulta valoro tu piel, tu fototipo, tu historial y decidimos el peeling adecuado. Muchos pacientes se benefician de una fase de pretratamiento tópico de 2–4 semanas.
La sesión dura entre 20 y 45 minutos según el peeling. Puedes sentir escozor o calor durante la aplicación; se neutraliza inmediatamente después. En peelings superficiales puedes hacer vida normal; en peelings medios (TCA, Jessner) hay 5–7 días de descamación visible y necesitas planificarlo con tu agenda.
En peelings superficiales, la piel se ve más luminosa y homogénea desde la primera sesión, con mejora progresiva a lo largo de 4–6 sesiones. En peelings medios, el cambio es más marcado tras una única sesión: manchas atenuadas o eliminadas, textura reordenada, poros más finos. La piel nueva aparece al día 7–10.
El peeling es acumulativo: cada sesión suma sobre la anterior. Por eso protocolos combinados (mandélico o glicólico en primavera–verano, TCA en otoño–invierno) suelen dar los mejores resultados.
Con piel bronceada activa o exposición solar reciente: el riesgo de hiperpigmentación postinflamatoria es alto. Prefiero esperar o elegir un peeling más superficial.
En pacientes con dermatitis activa, herpes labial sin profilaxis, isotretinoína en los últimos 6 meses, embarazo o lactancia. Cuando el paciente busca un cambio instantáneo con una sola sesión de peeling superficial: la expectativa no encaja con la técnica.
Depende del tipo. En peelings superficiales (mandélico, glicólico): 4–6 sesiones espaciadas cada 2–3 semanas. En peelings medios (TCA, Jessner): una única sesión suele ser suficiente, con mantenimiento anual.
Los peelings superficiales muy suaves sí, con fotoprotección estricta. Los peelings medios (TCA, Jessner) los reservo para otoño–invierno por el riesgo de hiperpigmentación.
Sí, cuando está bien indicado. Los léntigos solares y algunas hiperpigmentaciones postinflamatorias responden muy bien. El melasma es más complejo y suele requerir un plan combinado con despigmentantes tópicos.
Entre 5 y 7 días de descamación visible. La piel nueva es plenamente presentable al día 7–10. Los peelings superficiales no requieren tiempo de baja social.
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Hidratación profunda y luminosidad con microinyecciones de activos, sesión a sesión.
Reserva tu valoración médica y resolveremos juntos si este tratamiento tiene sentido para ti — o si otra opción se ajusta mejor a tu caso.